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viernes, 7 de agosto de 2020

Competiciones olvidadas: Copa de la Coronación

Tras la muerte de su padre Jorge VI el 6 de febrero de 1952 accedía al trono, con 25 años, Elizabeth Alexandra Mary Windsor, Isabel II del Reino Unido. Como mandaba la tradición la coronación se llevó a cabo más de un año después -el tiempo que se consideraba necesario para guardar el luto a su difunto padre- y se celebró en la Abadía de Westminster en una ceremonia por todo lo alto que retransmitió la BBC. El evento contó con diversas festejos en todos los territorios de la Commonwealth y se estima que costó 1.57 millones de libras de la época. Entre los numerosos acontecimientos tuvo lugar, por supuesto, un torneo futbolístico que se llamó simple y llanamente Coronation Cup, la Copa de la Coronación, disputado en Glasgow en mayo de 1953.
 
Al torneo se invitó a ocho equipos, cuatro escoceses y cuatro ingleses. De ese modo accedieron a participar Aberdeen (subcampeones de la Copa Escocesa 1952-53), Celtic (que haría doblete en la 1953-54), Hibernian (subcampeones de Liga en 1952-53), Rangers (campeones de Liga y Copa en 1952-53), Arsenal (campeones de la First Division 1952-53), Manchester United (campeones de la Liga 1951-52), Newcastle United (ganadores de la FA Cup de 1952 y 1953) y Tottenham (subcampeones de Liga en la 1951-52). 
 
El formato implicó una primera ronda de cuatro partidos con enfrentamientos entre escoceses e ingleses. Así, entre el 11 y el 13 de mayo en Hampden Park e Ibrox Park se disputaron el Celtic 1-0 Arsenal, Manchester United 2-1 Rangers, Newcastle 4-0 Aberdeen y el Hibernian 1-1 Tottenham, que necesitó de un partido de desempate que acabó 2-1 favorable a los Hibs
Las semifinales, jugadas el 16 de mayo también en Hampden Park e Ibrox Park, dejaron las victorias del Celtic sobre el Manchester United (2-1) y del Hibernian contra el Newcastle (4-0), los dos equipos que accederían a la final del 20 de mayo en Hampden Park. 
 
Como el evento festivo que era, la final de la Copa Coronación reunió en Hampden Park a más de 100.000 espectadores para presenciar al Celtic del Jimmy McGrory entrenador, que llevaría al equipo a su primer doblete de liga y copa en 40 años en la 1953-54 (suponía su primer título de liga desde 1938) y lideraría el famoso 7-1 al Rangers en la final de Copa de 1957. El Celtic contaba entonces en sus filas con Jock Stein, que conseguiría después como entrenador del equipo nueve campeonatos de liga consecutivos entre 1966 y 1974.
Enfrente el Hibernian de los Famous Five, el grupo de jugadores que conformaban Gordon Smith, Bobby Johnstone, Lawrie Reilly, Eddie Turnbull y Willie Ormond y que habían debutado juntos allá por el 15 de octubre de 1949. 

El partido se decantó a favor del Celtic, que se llevó la contienda por 2-0 con goles de Neil Mochan (que había jugado en el Middlesbrough) y de Jimmy Walsh (que tras su paso por el Celtic jugaría más de 170 partidos con el Leicester City donde sigue siendo el 10º máximo goleador histórico del equipo).
 
20 de mayo de 1953, Hampden Park.
CELTIC
Johnny Bonnar; Michael Haughney, Alex Rollo, Robert Evans, Jock Stein, John McPhail, Robert Young Collins, Jimmy Walsh, Neil Mochan, Bertie Peacock, William Fernie.
 
HIBERNIAN 
Thomas Younger; Jock Govan, Jock Paterson, Archie Buchanan, Hugh Howie, James Combe, Gordon Smith,  Johnstone, Lawrance Reilly, Eddie Turnbull, Willie Ormond. 
 
Un mes después del torneo, el 8 de junio de 1953, también con motivo de la coronación de Isabel II y bajo el patrocinio de la Asociación de Veteranos de Guerra de la Commonwealth, tuvo lugar en un encuentro amistoso entre las selecciones de Inglaterra y Estados Unidos en el Yankee Stadium de Nueva York al que acudieron 7.271 espectadores. 
Fue el último partido del tour veraniego de los Three Lions, entrenados por Jimmy Trotter, y aunque debía haberse disputado el domingo 7 de junio, una lluvia torrencial obligó a retrasar el encuentro 24 horas. 
Inglaterra llegaba de su gira sudamericana en la que se había enfrentado a Argentina en dos ocasiones, Chile y Uruguay y se llevó el partido por un contundente 6-3 con goles de Nat Lofthouse (2), Tom Finney (2), Ivor Broadis y Redfern Froggatt. Era el primer encuentro de la selección estadounidense en catorce meses.

8 de junio de 1953, Yankee Stadium (Nueva York)
ESTADOS UNIDOS
Cecil Moore; Robert Milne, Harry Keough, Terance Springthorpe, Rolf Decker, Walter Bahr, Tom Schultz, William Connelly, George Athineos, Bernard McLauglin, Efrain Chachurian.

INGLATERRA
Edwin Ditchburn (Tottenham); Alfred Ramsey (Tottenham), William Eckersley (Blackburn Rovers), Billy Wright (Wolverhampton), Harry Johnston (Blackpool), James Dickinson (Portsmouth), Tom Finney (Preston North End), Ivor Broadis (Manchester City), Nat Lofthouse (Bolton Wanderers), Redfern Froggatt (Sheffield Wednesday), Jack Froggatt (Portsmouth).

domingo, 12 de julio de 2020

Jack Charlton: una jirafa convertida en leyenda del Leeds United


Aunque buena parte de su carrera estuvo marcada por la alargada sombra de su hermano, Jack Charlton acabó consiguiendo por méritos propios hacerse un hueco entre los grandes nombres del fútbol inglés. Campeón del mundo, leyenda del Leeds United y notable entrenador, la vida de Jackie se apagó a los 85 años, después de que en 2019 se le diagnosticase un linfoma y sufriese demencia.

Nacido en Ashington el 8 de mayo de 1935, Jackie fue el mayor de cuatro hermanos -Bobby, Gordon y Tommy- en el seno de una familia de larga tradición futbolera. Sus tíos eran Jack Milburn (Leeds United, Bradford City), George Milburn (Leeds United, Chesterfield), Jim Milburn (Leeds United, Bradford Park Avenue) y Stan Milburn (Leicester City); además, el legendario Jackie Milburn, futbolista del Newcastle United, era el primo de su madre.
Así no es de extrañar que el gusanillo del fútbol se le metiese pronto en el cuerpo, siendo de la mano de su madre, Cissie, con la que dio los primeros pasos. Ella era la que jugaba con sus hijos y los llevaba a ver partidos del Ashington y el Newcastle.

LOS PRIMEROS PASOS EN EL LEEDS UNITED
La carrera de Jackie en el Leeds United comenzó a los 15 años con una prueba que se realizó gracias a la recomendación de su tío Jim Milburn, en una época en la que Charlton se veía trabajando en la mina y solicitando la entrada en el cuerpo de policía. La prueba acabó siendo un éxito y Jackie entró a formar parte del equipo.

Su primer contrato profesional con el Leeds lo firmó a los 17 años auspiciado por el entrenador Raich Carter, que estuvo en el banquillo del equipo entre 1953 y 1958, y debutó el 25 de abril de 1953 contra el Doncaster Rovers. Después de aquello, se marchó dos años a realizar servicio militar en el Regimiento de Caballería, por lo que no regresó al primer equipo hasta 1955.

Fue en aquella temporada de 1995-56 cuando el Leeds consiguió el ascenso a la Primera División con una segunda plaza por detrás del Sheffield Wednesday y cuando Jackie se afianzó en el once titular del equipo, aunque bien es cierto que, un curso después, se perdería buena parte de la temporada principalmente por su tendencia a las salidas nocturnas, un hábito que dejaría de lado una vez que contrajo matrimonio con Pat Kemp en enero de 1958.
En ese año, el Leeds comienza a tener problemas en la primera categoría, jugueteando con el descenso y viendo el despido del banquillo de Raich Carter y la llegada como entrenadores de Willis Edwards, Bill Lambton o Jack Taylor, que no pudo evitar que el Leeds bajase a Segunda División.

LA LLEGADA DE DON REVIE
Jack Taylor abandona el equipo en la temporada 1960-61, y el Leeds se decide por el fichaje para el banquillo de un tal Don Revie, un tipo que cambiaría la historia del club.
En un primer momento, Revie no vio nada especial en Jackie, un muchacho al que le empezaba a pesar la comparación con su hermano Bobby, que ya se destapaba como un futbolista de leyenda en el Manchester United. De hecho, Revie tenía pensado deshacerse de Jackie en 1962, teniendo en cuenta que había ofertas sobre la mesa del Liverpool de Bill Shankly y del propio Manchester United de Matt Busby. A pesar de todo, Jackie se mantuvo en el Leeds United, renovando su contrato y trabajando duro para ganarse la confianza de Don Revie.

Es en el curso de 1962-63 cuando Revie empieza a moldear el equipo para convertirlo en lo que sería el Leeds a lo largo de la década, comenzando por apostar por una joven línea defensiva de la que formaban parte Paul Reaney, Norman Hunter, Jackie Charlton y Rod Johnson, y elevando a categoría de imprescindibles a jugadores como Johnny Giles, Billy Bremner, Paul Madeley o Peter Lorimer.
El Leeds logra el ascenso en 1964 pasando a convertirse en uno de los huesos duros de roer de la First Division y en un equipo sólido y de una gran intensidad que le valdría granjearse una mala reputación de juego duro. Su primer gran momento llegaría en la final de FA Cup de 1965 donde no pudieron evitar la derrota en la prórroga frente al Liverpool de Shankly.
En liga, el Leeds acabaría segundo por detrás del Manchester United, una posición que repetiría la siguiente temporada, aunque en aquella ocasión acabando por detrás del Liverpool.


En la temporada 1965-66, el Leeds participa por primera vez en competición europea, en aquella ocasión en la denominada Copa de Ferias, donde se midió al Torino, al Leipzig, al Valencia -donde se vivió un tenso enfrentamiento entre Jackie Charlton y el defensa Vidagany-, el Ujpest húngaro y, finalmente, el Real Zaragoza, que acabó derrotando a los ingleses 3-1 en Elland Road. Un año después, el Leeds alcanzaría la final del torneo por primera vez, perdiendo 2-0 contra el Dinamo de Zagreb.

EL ÉXITO CON LOS THREE LIONS
Pero si hay algo inolvidable en aquel año de 1966 es, sin lugar a dudas, la victoria de Inglaterra en el Mundial, un hecho histórico y exponencialmente relevante para el fútbol en el país a todos los niveles y un éxito que no ha vuelto a repetirse.
A Charlton lo llaman por primera vez a la selección con 30 años y llega al combinado de la mano de Alf Ramsey, que lo convoca para un Inglaterra-Escocia jugado el 10 de abril de 1965 que terminó con un empate a dos y en el que Jackie asistió a su hermano Bobby en el primer gol de los ingleses.

Ramsey se decidió por Jackie para completar su línea defensiva para la escuadra que participaría en el Mundial de 1966 y en la que se asentarían Ray Wilson por la izquierda, Charlton y Bobby Moore en el centro y George Cohen a la derecha, sostenidos por el portero Gordon Banks. Charlton jugaría seis de los siete partidos internacionales de preparación para el Mundial, anotando su primer gol en el 3-0 frente a Finlandia en el Olímpico de Helsinki.

En aquel inolvidable Mundial de 1966, Inglaterra abrió su participación con un empate a cero frente a Uruguay para vencer después 2-0 a México, 2-0 a Francia y 1-0 a Argentina en los cuartos de final. En semifinales, los Three Lions se llevaron la victoria 2-1 contra la Portugal de Eusebio con un doblete de Bobby Charlton. La mítica final, contra Alemania Federal, se ganó por 4-2.

Después de aquello, Charlton fue convocado para la Eurocopa de 1968, aunque no jugó ningún partido, y para el Mundial de México de 1970, en el que Ramsey se decidió finalmente por Labone y solo le dio la titularidad a Jackie en su último partido con la selección, el número 35, en la victoria 1-0 frente a Checoslovaquia.


Para entonces, Jackie Charlton se había hecho un nombre en la defensa del equipo y también en el panorama del fútbol inglés, que había sido consciente de sus virtudes. A finales de la temporada de 1966-67, Jack se hace con el premio a Futbolista del Año, un galardón que había recaído en su hermano en la edición anterior.

En el curso de 1967-68, aunque se resiste la liga, el Leeds se hace con la Copa de la Liga venciendo 1-0 al Arsenal (donde hubo protagonismo de Charlton, de quien se dijo que había empujado al portero de los Gunners en el gol) y levanta su primer trofeo europeo, consiguiendo la Copa de Ferias ganando al Ferencvaros en la final.
El éxito en el torneo liguero llega finalmente en la 1968-69, donde el Leeds solo pierde dos partidos y acaba sacándole seis puntos al Liverpool en lo que sería uno de los grandes logros del equipo de Revie y de la carrera de Charlton, que a principios de la década estaba a un paso de abandonar el equipo en el que se convertiría en una leyenda. Para entonces, Jackie ya era conocido como "La Jirafa" debido a su estatura -medía 1'91 metros- y había causado cierto revuelo y polémica por asegurar que tenía una lista negra con los nombres de jugadores que podían o le habían hecho daño con sus entradas en los partidos para tomarse después su merecida venganza.

CHARLTON EN LOS BANQUILLOS
Jackie Charlton completa su serie de trofeos domésticos con la consecución de la FA Cup de 1972 en la que vencen en Wembley 1-0 al Arsenal, el mismo equipo frente al que conquistaron la Copa de la Liga. En su camino a la final, el Leeds se encargó del Bristol Rovers, Liverpool mediante replay (0-0 y 2-0), Cardiff City, Tottenham y Birmingham en la semifinal en Hillsborough.

En la temporada de 1972-73, Charlton sufrió una lesión en las semifinales de la FA Cup frente al Wolverhampton de la que no se terminó de recuperar, lo que le llevó a anunciar su retirada tras 762 partidos con el Leeds United. Era el momento para que Charlton se convirtiese en entrenador, una parcela en la que ya había realizado diferentes cursos desde 1960.
De este modo, su primer banquillo, a los 38 años, fue el del Middlesbrough, donde llegó con una serie de peticiones bastante extravagantes para un hombre de nula experiencia dirigiendo equipos: control total de todas las facetas del club, un salario de 10.000 libras al año, un pacto entre caballeros mediante el cual no podía ser despedido y tres días libres a la semana para irse a pescar.
Charlton ascendió al Boro a la First Division en 1974, terminando al siguiente curso en una notable séptima posición que acabaría siendo una 13ª en 1976, el año en el que los directivos del club decidieron reunirse para echar a Jackie debido a su exceso de autoridad. Aún así, Charlton conservó su puesto para abandonar el Middlesbrough en 1977 después de una 12ª posición en liga y señalando que cuatro años era el tiempo adecuado en el que podían convivir los jugadores con un mismo entrenador.


Tras la marcha de Don Revie, Jackie solicitó el puesto de entrenador en la selección inglesa, pero no obtuvo respuesta, por lo que decidió marcharse al Sheffield Wednesday que entonces se encontraba en las últimas posiciones de la Tercera División.
Charlton salvó al Wednesday del descenso y acabó subiéndolo a la Second Division. Con los Owls, alcanzó la semifinal de la FA Cup, que perdió contra el Brighton y estuvo cerca de alcanzar la Primera Division, marchándose del club en 1983 para regresar al Middlesbrough como favor a Mike McCullagh, entonces presidente, y salvarlo del descenso a Tercera, objetivo que consiguió dejando al Boro en 17ª posición.

Después de aquello, Jackie llegó al Newcastle en junio de 1984, renunciando al puesto en la pretemporada de la 1985-86 para acabar firmando como seleccionador de Irlanda, su momento como entrenador por el que es más recordado.
Charlton metió a los irlandeses en la Eurocopa de 1988, de la que no pasó de la fase de grupos, donde fue eliminada junto a Inglaterra, aunque su mayor logro llegó en el Mundial de 1990.
Jackie clasificó a Irlanda a la máxima competición de selecciones tras pasar un grupo clasificatorio en el que estaban España, Hungría, Irlanda del Norte y Malta. Ya en el torneo, quedaron encuadrados en la fase de grupos junto a Inglaterra, Egipto y Holanda, accediendo a la segunda fase como segundos clasificados. Derrotaron a Rumanía en los octavos de final para caer finalmente 1-0 en cuartos frente a Italia.

Después de aquello llegaron la Eurocopa de 1992, en la que no entraron, el Mundial de 1994, donde perdieron en octavos de final frente a Holanda, y la Eurocopa de 1996, a la que tampoco se clasificaron. Fue precisamente en ese torneo, tras un partido que perdieron frente a Holanda con un doblete de Patrick Kluivert, cuando Jackie Charlton anunció su retirada.

sábado, 16 de noviembre de 2019

Competiciones olvidadas: la Texaco Cup


La Copa Texaco apenas duró cinco temporadas y se enmarca en la tradición de Inglaterra de conformar torneos alternativos como en su día fueron la Combination o la Football Alliance, que fueron dos competiciones surgidas al calor de la Football League como vía de escape a su exclusividad.

Este torneo fue una de las primeras competiciones en recibir patrocinio, que llegó de la mano de la compañía petrolífera americana Texaco, que pagó 100.000 libras por el espónsor, aunque el nombre oficial de la copa sería el de International League Board Competition.  
Esta copa estaba estructurada para que la jugaran los equipos que habían quedado fuera de las competiciones europeas y la conformaban los clubes dentro de las divisiones top de Inglaterra, Irlanda, Irlanda del Norte y Escocia. La idea principal era la de asentar un torneo que englobara a las diferentes asociaciones de fútbol británico, un plan que ya se había intentado en el pasado. Por ejemplo, en mayo de 1953, con un carácter más específico, se jugó en Glasgow la Coronation Cup para celebrar la coronación de la Reina Isabel II. Allí participaron cuatro equipos ingleses y cuatro escoceses -Celtic, Arsenal, Manchester United, Rangers, Newcastle, Aberdeen, Hibernian y Tottenham- y salió campeón el Celtic, que ganó 2-0 en la final al Hibernian. Esta Coronation Cup fue una competición muy parecida a la Empire Exhibition Trophy, que se jugó en 1938 y que también ganó el Celtic, en aquella ocasión al Everton.

La Copa Texaco inició su andadura en la temporada 1970-71 con el Burnley, Nottingham Forest, Stoke City, Tottenham, West Brom y Wolverhampton por parte de Inglaterra, y se intentó aprovechar la cifra que pagó Texaco para hacer del torneo algo sólido y duradero.
Ocurrió que a la siguiente temporada, Irlanda e Irlanda del Norte se retiraron del torneo por presiones políticas  y acabaron jugando una competición separada solo para irlandeses, también bajo el patrocinio de Texaco, que se llamó Texaco All-Ireland Cup y que solo se mantuvo durante dos temporadas (1973-1975). 

La Texaco se jugaba como un torneo del KO, con 16 clubes en total en su primera temporada y todos los partidos se disputaban a ida y vuelta. Para la última temporada del torneo, la 1974-75, hubo 16 equipos ingleses -Birmingham, Blackpoool, Carlisle, Leyton Orient, Luton Town, Manchester City, Middlesbrough, Newcastle, Norwich, Oldham, Peterborough, Sheffield United, Southampton, Sunderland, West Brom y West Ham- que jugaron entre sí en unos grupos a modo de liguilla para medirse después a los cuatro equipos escoces -Aberdeen, Ayr United, Hearts y Rangers-. 
Los campeones de este torneo durante su corta existencia fueron: Wolverhampton (3-2 al Heart of Midlothian en 1971), Derby County (2-1 al Airdrieonians en 1972), Ipswich Town (4-2 al Norwich City en 1973), Newcastle (2-1 al Burnley en 1974) y, de nuevo, Newcastle (3-1 al Southampton en 1975). 

En la temporada 1975-76 finalizó el contrato de patrocinio con Texaco y con la idea de mantener el espíritu de esta competición se formó la Anglo-Scottish Cup, que mantenía un formato muy similar a la Texaco. Este torneo, curiosamente, se mantuvo de 1975 a 1981, durante seis temporadas, y llegó a estar compuesto hasta por 24 equipos.  

miércoles, 25 de septiembre de 2019

La evolución histórica del escudo del Newcastle United


Los orígenes del Newcastle se remontan a 1892, cuando se fusionan dos equipos de la zona: el Newcastle East End (1881) y el Newcastle West End (1882). La historia, algo más compleja, está perfectamente contada en el libro Pioneers Of The North de Paul Joannou y Alan Candlish.
Aunque el Newcastle nace el 9 de diciembre de 1892 y a pesar de que el nuevo nombre había sido reconocido por la FA, el club no se constituye legalmente hasta 1895. 

El período Eduardiano marcaría la edad de oro del equipo.  Tres ligas y cinco finales de la FA Cup (aunque solo levantarían una) llegaron entre 1905 y 1910, año en el que aparece por primera vez en su camiseta el escudo de armas de la ciudad, con motivo de la final de FA Cup frente al Barnsley que los Magpies ganaron 2-0 en el replay.


Con una ligera variación, el escudo volvió a aparecer en las camisetas de la final de 1911 (que perdieron 1-0 en el replay frente al Bradford) y se mantendrá en cada final del Newcastle, aunque no se verá en liga hasta la temporada 1969-70, cuando se adoptó oficialmente. 


El escudo de armas tiene su origen en el siglo XIV y se hizo oficial en 1954. El motivo recurrente son los castillos, que remarcan el origen normando. La ciudad toma su nombre del New Castle construído por orden de Robert Curthose, hijo de William el Conquistador, en el 1080.
El castillo principal tiene un león sobre su torre enarbolando un estandarte con la bandera de San Jorge. Los castillos enmarcados en el escudo están flanqueados por dos cabellos de mar, símbolo que recuerda que Newcastle es un puerto marítimo. 
Los dos caballos de mar fueron añadidos en 1575. El lema "Fortiter Defendit Triumphans" (El triunfo a través de una defensa fuerte) se adoptó tras la guerra civil y la dura resistencia de la ciudad contra los escoceses en 1644.
El escudo de armas, que fue muy bien aceptado por la afición y que aparece en 1969, tuvo una versión diferente que apareció en los documentos oficiales, programas y merchandising durante el período de 1969 a 1976.
En 1976, el club decide crear su propio escudo. De forma circular con el nombre del equipo, introduce el castillo y el río Tyne, sobre el que flota una urraca, apodo por el que se conoce al Newcastle (Magpie).



La revisión del escudo llega en la temporada 1983-84. Aparece así un disco simple conformado a partir de unas modernas iniciales del equipo entre las que se encuentra encerrada la famosa urraca. Diseñado en gris plata, era difícil de ver en las camisetas de local.



Aquel escudo no fue demasiado popular, por lo que en 1988 es reemplazado por el emblema tradicional aunque con un diseño optimizado y personalizado. Es, evidentemente, el escudo por el que reconocemos en la actualidad al Newcastle. Entre los cambios, el escudo con los colores del club y la introducción del nombre del equipo en lugar del lema. El estandarte que enarbola el león cambia el blanco de la bandera por el azul. Dicen las malas lenguas que para evitar concordancias con los colores del Sunderland.  

lunes, 3 de septiembre de 2018

Jorge y Eduardo Robledo: dos chilenos en Inglaterra


Antes de los Di María, David Luiz o Alexis Sánchez, hubo otros. Y también antes de los Juan Sebastián Verón, Osvaldo Ardiles o Ricardo Villa. Jorge Robledo y su hermano Eduardo fueron los primeros jugadores latinoamericanos en pisar la liga inglesa. La historia de estos dos chilenos en su periplo por Inglaterra esconde otras fascinantes intrahistorias ligadas al gol, al miembro de los Beatles más relevante y a un misterioso crucero.

DE CHILE A INGLATERRA
Cuando las minas de salitre de Iquique, que se utilizaban para la fabricación de pólvora, no parecían dar más de sí y dejaron de producir las fortunas de la época de la Primera Guerra Mundial, nació Jorge Robledo. Corría el año de 1926 y Jorge no estaría mucho tiempo más en Chile. A los tres años abandonó el país junto a su madre y su hermano Eduardo rumbo a Inglaterra, dejando atrás a su padre, un trabajador de las minas de carbón.
Jorge destacó pronto como un gran goleador en el Barnsley, donde con 15 años ya jugaba como profesional gracias a un permiso especial de su madre porque era menor de edad. Fue entonces cuando el Newcastle llamó a su puerta y Jorge no dejó escapar la oportunidad. Eso sí, la firma de su contrato se demoró más de lo previsto porque Jorge, al que pronto empezarían a llamar George, exigió que el conjunto de los Magpies fichara también  a su hermano. En 1949, los hermanos Robledo ponían su firma en un papel para vestir la camiseta de las Urracas.


Ya en la  temporada de 1950/51, George se había revelado como un jugador excepcional, mientras que a su hermano, fichado a regañadientes por el club que no quería dejar a escapar a Jorge, aún le quedaba mucho por aprender.  Jorge convirtió 14 tantos en liga, donde el equipo finalizó cuarto y llegarían a la final de la FA Cup tras derrotar a Bolton, Stoke City, Bristol Rovers y Wolverhampton. Saldrían campeones frente al Blackpool por dos goles a cero. El primer tanto, obra de Milburn, llegó gracias a un centro preciso de Jorge Robledo.

NO ES UN GOL CUALQUIERA
Al año siguiente, el Newcastle volvería a alcanzar la final de la FA Cup. En Wembley les esperaría el Arsenal. Jorge había transformado 33 goles en 39 partidos de liga -aunque el equipo acabaría octavo- y, además, Eduardo, al que los hinchas comenzarían a llamar Ted, había mejorado sus cualidades, convirtiéndose en un notable centrocampista, aunque siempre estaría a la sombra de su hermano. La prensa pronto hablaría de los Fabulosos Robledo Boys.
En el camino a la final de la FA, el Newcastle se había encargado del Aston Villa (4-2), Tottenham (3-0), Swansea (1-0), Portsmouth (4-2) y del Blackburn Rovers en la semifinal con gol de Jorge (2-1). Tumbar a los Gunners no sería coser y cantar.


El Arsenal dominó la práctica totalidad del partido hasta que, a cinco minutos del final, apareció Jorge Robledo. Bobby Mitchell encaró a la defensa Gunner,  que pensó que no se detendría, y cuando se los había llevado a todos y tuvo la oportunidad, levantó la vista, vio a George y centró. Wembley se quedó mudo. Mientras, en la línea de cal, Jorge Robledo levantaba los brazos mientras sus compañeros corrían a abrazarle, consciente de que había hecho historia. A más de 300 kilómetros de aquel momento de éxtasis, en Liverpool, un jovencito de 11 años dibujaba con sus lápices. 

DESAPARECER SIN DEJAR RASTRO
Tras la temporada 1952/53, el Newcastle decidió vender a Eduardo al Colo-Colo. Jorge, que durante toda su vida había ido de la mano de su hermano, no dudó un instante y se marchó con él a Chile. En su primer partido, un 31 de mayo de 1953 contra Ferrobádminton, George anotó dos goles en la victoria del Colo-Colo por cuatro a cero.
A partir de ahí, Jorge saldría goleador con el equipo en 1953 y 1954, sumando 26 y 25 goles respectivamente, y siendo parte activa en los títulos ligueros que levantaría Colo-Colo en 1953 y 1956 y de la Copa Chile de 1958. Tras rechazar una oferta del club, George Robledo acabaría su carrera como futbolista en el O’Higgins.


Para entonces, Eduardo, siempre eclipsado por Jorge como futbolista, también había decidido retirarse de las canchas. Comenzaba así la etapa más oscura, fascinante y misteriosa de su vida, mientras George ocupaba un cargo de ingeniero civil en la mina El Teniente y se preparaba para ser director deportivo.

La historia “oficial” de Eduardo reza que fue asesinado en un barco. A partir de ahí, los motivos de su muerte se relacionan con su posible condición de agente de inteligencia británico o el tráfico de drogas y otros negocios sórdidos.
En 2004, el periodista Francisco Mouat, que trabajaba en un artículo sobre los hermanos Robledo, recibió una carta de Carmen Calé, viuda de Eduardo, que le sirvió para realizar una crónica veraz sobre los últimos años de la vida de Ted Robledo.
Mouat, a través de los datos proporcionados en la carta, recalcó que la carrera futbolística de Eduardo no había terminado en Chile. Se casó con Carmen Calé en 1956 y regresó a Inglaterra, donde jugaría dos temporadas en las filas del Notts County, aunque no destacaría. De ahí, pasó a trabajar como técnico electrónico en la NASA y, poco después, decidió dar el salto como entrenador, ocupando el banquillo del Once Municipal, un equipo de El Salvador.
Buscando estabilidad económica se metió en el negocio de la industria petrolera, levantando torres de extracción en África y Brasil. Es entonces cuando lo contrata Drilling Co., una compañía norteamericana de barcos petrolíferos en el Golfo Pérsico. En 1970, invitado por el capitán alemán Hans Besseinich, Eduardo se sube al Al Sahn, un barco que pasaría unos días navegando por el Golfo de Omán. Ahí se pierde su rastro.

La desaparición de Eduardo agitó la tranquila vida de los Robledo. George se dedicó exhaustivamente a la búsqueda de su hermano hasta el punto de lograr que se llevase a cabo un juicio por asesinato en Inglaterra contra Hans Besseinich, el capitán del Al Sahn. Aunque se tuvo que lidiar con unas primeras declaraciones que aseguraban que Eduardo nunca embarcó en el Al Sahn, el juició constató que Ted fue invitado por el capitán a unirse a la tripulación del barco, que cenó con él el 7 de diciembre de 1970 y después jugaron a las cartas y que, en mitad de la jarana, se produjo una fuerte pelea. Sin muchas más prueblas, Hans Besseinich fue puesto en libertad y la muerte de Ted quedó archivada como “accidente”. Nadie volvió a saber de Eduardo Robledo y su cadáver nunca se encontró.

SHE LOVES YOU, YEAH, YEAH, YEAH
El 3 de mayo de 1952, George Robledo anota el histórico gol que da el título de la FA Cup al Newcastle. En Liverpool, a unos 300 kilómetros de donde se disputa la final, un chico de once años llamado John Lennon ya escribe y dibuja de forma creativa, aunque aún está lejos de convertirse en uno de los cuatro tipos que, según afirmaría aquel crío, serían “más famosos que Jesucristo“. Tras aquella final, el joven Lennon da rienda suelta a sus lápices de colores.

En 1963, los hermanos Robledo ya llevan un tiempo fuera de los campos de fútbol. John Lennon tiene 23 años, se ha unido a Paul McCartney, George Harrison y Ringo Starr y han formado The Beatles, probablemente la banda más famosa de la historia de la música. En agosto de ese año, publican She Loves You, el cuarto sencillo del álbum Please Please Me, que en menos de cuatro semanas despacha 750 mil copias y rompe récords en el Reino Unido. En cuestión de meses, la popularidad de los Beatles se dispara, inician giras interminables, están en su cima creativa y no hay persona sobre la faz de la tierra que no sepa de su existencia. La Beatlemanía es un fenómeno imparable.

Lennon abandonó los Beatles en septiembre de 1969 y comenzó su carrera en solitario en 1970, con el álbum John Lennon/Plastic Ono Band. En octubre de 1974, publica Walls and Bridges, pero nadie repara en su portada. De hecho, pasaría totalmente desapercibida hasta que en 2009 el escritor chileno Néstor Flores atase cabos.

El dibujo original realizado por John Lennon que formaría parte de la portada de su disco Walls and Bridges

Flores se encontraba en aquel momento fascinado por la vida de Eduardo Robledo, más por el misterio que la envolvía que por lo puramente futbolístico, y durante su investigación se topó con una foto de Jorge Robledo en el momento del gol que daba la victoria al Newcastle frente al Arsenal en la FA Cup. En la fotografía, Jorge Robledo está de frente, observando como el balón cruza la línea de gol de la portería de los Gunners. De espaldas a George, un mítico jugador de los Magpies, Jackie Milburn.




Néstor Flores no tardó en averiguar donde había visto antes esa escena. Había sido en el Walls and Bridges, el disco de John Lennon cuya portada está formada por diversas ilustraciones del músico realizadas en su  infancia. La primera de ellas, sin la perfección de la escena de la fotografía, obviamente, muestra a Robledo mirando el balón en el momento de entrar, con Milburn de espaldas. Arriba, el muchacho firma así: John Lennon Junio 1952 Age 11. Tras el revuelo organizado por el hallazgo, Flores pudo contar su historia y contactar con alguno de los miembros de la familia de Jorge Robledo. Su hija contaba que: “No sé si le gustaba Lennon, pero sé que cuando era chica me regaló la colección completa de los Beatles. Nunca le pregunté si me la regaló por mí o por él“.

Aunque nunca se ha sabido cuál era el equipo que le quitaba el sueño a John Lennon -ni a ninguno de los Beatles salvo a George Harrison, que no le gustaba el fútbol-, lo cierto es que Jorge Robledo y el músico nunca llegaron a conocerse. Algunos beatlemaníacos aseguran que dentro de los planes de Lennon para sus diversos viajes estaba el de conocer al ex-jugador del Newcastle, pero aquello nunca sucedió.

Con su hermano Eduardo desaparecido en extrañas circunstancias, y sin esperanza alguna de llegar a encontrar su cadáver, Jorge Robledo murió de un infarto a los 72 años en 1988. Fue algo inesperado para su familia. Ocho años antes, en diciembre, alrededor de las 10:50, John Lennon y Yoko Ono regresaban al Dakota, el apartamento en Nueva York donde vivían. Mark David Chapman se acercó por la espalda y disparó cinco veces a Lennon. Le alcanzó cuatro. Aquella misma tarde, Lennon le había firmado una copia del Double Fantasy.

viernes, 17 de agosto de 2018

Tommy Ball: el futbolista asesinado por su casero


Con un rostro muy característico y unas habilidades reconocidas en la época, aunque hay poco material sobre sus actuaciones en el campo, Tommy Ball tuvo que echar el resto para lograr hacerse un hueco en el once titular de un Aston Villa que se paseaba por los terrenos de juego como uno de los grandes conjuntos del fútbol inglés. Sin embargo, la vida de Tommy Ball acabó muy pronto y el jugador terminó pasando a la historia como el primer y único futbolista profesional inglés en ser asesinado.

Tommy fue el sexto hijo de un minero del carbón, profesión en la que Ball se inició a los 13 años y que fue su forma de ganarse la vida hasta que el Newcastle se fijó en sus maneras y lo fichó del Felling Colliery. Tommy no llegó a jugar con el conjunto de las Urracas y en enero de 1920, se marchó al Aston Villa. Para entonces, el Villa campeonaba por el fútbol inglés con una superioridad aplastante. De 1888 a 1933 solo se había quedado fuera del top 10 en dos ocasiones. Por el camino, llenó sus vitrinas con seis títulos de liga y seis FA Cup. Eran otros tiempos.

Los inicios de Ball en el club de Birmingham no fueron nada fáciles. El Villa, que contaba con una plantilla de sobrada calidad, tenía entonces en sus filas a Frank Barson (cuya historia también habrá que contar algún día), fichado en 1919 procedente del Barnsley, y una pieza inamovible en el centro de la defensa. Mientras Barson lucía el brazalete de capitán y recogía elogios en cada partido, Tommy Ball aguantaba como podía su destierro en el banquillo. En las dos temporadas completas que compartió equipo con Frank Barson, Ball sumó un total de 28 apariciones. Cuando Barson se marchó al Manchester United en 1922, Tommy tuvo su oportunidad para recoger el testigo. Y así lo hizo.

Tommy Ball (en la fila del centro a la derecha) con el Aston Villa en 1921 / Foto: The Guardian

A pesar de no contar con demasiadas opciones en un principio, Tommy se instaló rápidamente en Birmingham y se casó con Beatrice, la hija de un pastelero local, y ambos alquilaron una casa cercana a Villa Park. La vivienda era propiedad de George Stagg, un ex-policía que había combatido en la Primera Guerra Mundial y que residía en la casa de al lado.

La relación entre Stagg y Tommy Ball nunca fue buena. Primero, por el mal humor que gastaba el casero que chocaba con el carácter de Tommy. Segundo, por las continuas disputas por las gallinas que poseía Ball y que siempre acababan en la propiedad de Stagg y que fueron haciendo la difícil relación cada vez más insoportable. Mientras convivían con sus roces, el futbolista sumaba titularidades en el Aston Villa. Fueron en total, entre liga y torneos coperos, 74 apariciones. La última vez que pisó un terreno de juego fue el 11 de noviembre de 1923, en la victoria 1-0 sobre el Notts County que le sirvió al Aston Villa para alcanzar la tercera posición en la tabla.

La noche tras el partido transcurría con normalidad. Tommy fue con su esposa a un famoso pub y allí se tomó tres pintas y media. Cuando el local cerró, regresaron a casa dando un paseo. Una vez allí, Tommy salió a pasear al perro mientras Beatrice le esperó dentro. Lo último que escuchó su mujer fue una fuerte discusión y un disparo.
Cuando salió a la puerta de la calle vio a su marido ensangrentado arrastrándose por el suelo. “Me ha disparado“, le dijo Tommy a Beatrice antes de que se oyera otro disparo que pasó cerca de ella. Instantes después, la policía se personaba en la vivienda y detenía a George Stagg. No se pudo hacer nada para salvar la vida de Tommy Ball. Con 23 años, el prometedor central del Aston Villa moría a consecuencia de la herida de bala que le había disparado su casero.

Instantánea tomada durante el funeral de Tommy Ball / Foto: The Guardian

George Stagg fue llevado a jucio, donde declaró repetidas veces que todo había sido un accidente. En su versión de los hechos, el casero escuchó un ruido en el jardín de su casa mientras descansaba, por lo que pensó que alguien intentaba entrar en su propiedad.  Agarró la escopeta y salió a intimidar al intruso. Se encontró entonces con Tommy Ball que, según sus palabras, estaba totalmente borracho y le había amenazado de muerte. Discutieron, forcejearon y Stagg disparó su escopeta, hiriendo de muerte al defensa.
Durante todo lo que duró el juicio, Stagg no cesó en su empeño de señalar que fue un accidente. Cuando se vio acorralado, alegó que Tommy Ball tenía problemas con el alcohol y que maltrataba a su mujer. El entrenador del Aston Villa en esos días, Alf Miles -que también jugó en el equipo de Birmingham durante 11 años- desmintió la primera acusación. La esposa de Ball, desmintió la segunda.

George Stagg fue condenado a muerte, pero tuvo la suerte de ver llegar al poder a Ramsay MacDonald, el primer ministro que tuvo el Partido Laborista y que era contrario a la pena de muerte. A Stagg se le conmutó la pena por cadena perpetua y tras pasar por la cárcel, acabó dando tumbos por varias instituciones mentales. Acabó muriendo en una de ellas en 1966, a la edad de 86 años.

Centenares de personas acudieron al entierro de Tommy Ball, que se celebró un 19 de noviembre de 1923, ocho días después de su muerte. Una noche cualquiera le habían quitado la vida y entró en la crónica negra de la historia del fútbol demasiado joven.

El Aston Villa encontró en Vic Milne al sustituto de Ball en la defensa. Con 26 años, Milne ya era un cualificado doctor cuyo padre había sido el primer presidente del Aberdeen. Se quedó toda su carrera en el Aston Villa, sumando 157 partidos y ocupando el cargo de médico del equipo cuando se retiró. Pero eso es otra historia.

miércoles, 7 de febrero de 2018

Bill McCracken: el hombre que pervirtió la regla del fuera de juego


Bill McCracken era un norirlandés menudo que había nacido en Belfast. Ya siendo un niño desarrolló cierta habilidad con el balón que hacía presagiar a uno de esos delanteros que dejan huella, aunque terminaría por revelarse como un zaguero muy potente. La oportunidad de dedicarse al fútbol de manera profesional le llegó cuando el Newcastle se fijó en él y lo fichó para la temporada 1904/05.
Para entonces, los Magpies aún eran un equipo que buscaba su sitio en el panorama futbolístico inglés. Desde su llegada a la First Division, que se saldó con un decimotercer puesto en su primera temporada, el Newcastle rozó muy buenas posiciones entre 1899 y 1902, año en el que sufrió un bache y terminó decimocuarto.

Para evitar que el club descendiese de categoría, se buscó apuntalar la plantilla para configurar un equipo sólido que se mantuviese en lo alto de la tabla durante años. Así, el Newcastle lograba reunir a un puñado de jovenes y talentosos jugadores entre los que se encontraban Peter McWilliam, Andy Aitken, Colin Veitch, Jackie Rutherford, Jimmy Lawrence o el propio Bill McCracken.
Aunque ciertos reportes de la época pintan al Newcastle como un equipo que realizaba un “juego artístico” y un buen trabajo combinativo, otros lo tachan de conjunto aburrido y sin ideas. 

Fuera mejor o peor, el Newcastle dominaría el fútbol inglés durante casi una década, se movería entre las primeras posiciones de la tabla, ganaría títulos y pasaría rondas de la FA Cup con cierta soltura. Pero de entre todos los logros que conseguiría aquel equipo, uno perviviría en el imaginario colectivo por encima de todos. Bill McCracken, aquel zurdo norirlandés que terminaría jugando 432 partidos en el Newcastle, pasaría a la historia por hacer hincar la rodilla a los atacantes contrarios utilizando un truco tan simple como efectivo que acabaría extendiéndose por todos los campos. Con un solo movimiento, Bill McCracken, aquel zurdo norirlandés que más tarde entrenaría al Hull City y lo llevaría a la semifinal de la FA Cup, logró él solo que una norma que parecía intocable acabase siendo modificada. 

LA REGLA NÚMERO 11
Hacia 1863, la norma del fuera de juego ya existía en el primer compendio de reglas redactado. Por supuesto, era muy diferente a la que conocemos hoy en día. En la época, cualquier atacante que se situase por delante del balón se encontraba en posición ilegal. Hay que tener en cuenta que era normal ver en los primeros sistemas de juego hasta ocho delanteros que atacaban en masa para encarar al portero. Era la famosa regla número 11.

El trazado habitual 2-3-5, cinco delanteros y dos defensores -aunque había equipos que utilizaban tres zagueros-, provocaba que el portero pegase un pelotazo y todos corrieran a por el balón en dirección a la portería contraria. La norma del fuera de juego intentaba evitar que cualquier jugador se quedase clavado en el área del rival esperando un balón caído del cielo.

En 1866, la regla se modificaría ligeramente para dar paso a una norma que rezaba que “un jugador estará en fuera de juego si en el momento en el que recibe el balón o este llega a su altura, entre él y la portería contraria hay menos de tres jugadores de equipo”. Aquella variación llevaría al desarrollo del concepto del juego de pases y a un cambio en la posición de los jugadores en el campo, algo que hasta la fecha aún era muy difuso. De esta manera, las tareas de atacante y defensor y su colocación en el terreno de juego comenzarían a implantarse aunque todavía de una manera muy rudimentaria.
En medio de un cambio que parecía insignificante, una tarde, Bill McCracken apartó del grupo a su compañero en la defensa Frank Hudsperth. El bueno de Bill había pensado que si para que el atacante contrario cayera en fuera de juego bastaba con que sólo se quedara un defensa atrasado, el truco para provocar el fuera de juego era bien sencillo. 

UN PLAN INFALIBLE
Frank Hudsperth no entendió nada en un primer momento. Bill agarró unas tizas y le dibujó las posiciones en el suelo. Le explicó que utilizarían una señal para ejecutar una maniobra que consistía en dar unos pasos hacia adelante antes de que el delantero rival recibiese el balón y así dejarlo en fuera de juego. Frank sonrió cuando terminó comprendiendo el truco que quería utilizar su compañero. Puede que también pensase cómo coño era posible que en 40 años no se le hubiese ocurrido a nadie.

Comenzó así lo que sería una constante en aquel equipo del Newcastle. Cada partido que pasaba, la coordinación era mayor y el truco de McCracken se tornaba más infalible. Lo que hoy conocemos como “tirar el fuera de juego” fue la estratagema que más rédito le dio al conjunto de las Urracas.
Bill desesperaba a los atacantes. Abusó hasta la extenuación de su brillante plan y, por más que lo repitiera, el delantero terminaba cayendo en la trampa. Aún había más. En el peor de los casos, si la cosa salía mal, el atacante aún tenía que encarar a un defensa antes de enfrentarse al portero. Era la maniobra perfecta.
El Newcastle salió campeón en las temporadas 1904/05, 1906/07 y 1908/09. En 1905 levantó el título con 72 goles anotados. Recibió 33 y dejó la portería a cero en 17 ocasiones. En su segundo campeonato, la meta de los Magpies quedó a cero en 16 partidos y en la temporada 1908/09, su portero salió del campo sin recibir un gol otras 17 veces. 

EL PRINCIPIO DEL FIN
Aunque el Newcastle campeonaba y se había convertido en un equipo duro de roer, el truco de McCracken, aquella maniobra perfecta, terminó resultando aburrida. El mismo Newcastle llegó a empatar a cero seis partidos consecutivos en la temporada en la que alzarían su segundo título.
Por si fuera poco, los rivales, ante la impotencia que daba caer repetidas veces en la trampa del zaguero norirlandés, en vez de intentar contrarrestar su plan, decidieron imitarlo. Como consecuencia, a partir de 1910, la emoción y los goles fueron decayendo y los estadios lo notaron. Los espectadores se aburrían y dejaron de acudir a los partidos.

Bill McCracken se retiró en 1923 para dedicarse a entrenar. Cogió las riendas del Hull City, al que dio las respectivas lecciones sobre su técnica para tirar el fuera de juego y logró llevar al equipo a las semifinales de FA Cup en 1930, donde cayeron frente al Arsenal.

Pero para entonces, las cosas habían cambiado. En 1925, ante el descenso de espectadores en los estadios, la Asociación de Fútbol se decidió a tomar cartas en el asunto para terminar con el achique. Tras hacer varias pruebas en partidos amistosos, que incluían, por ejemplo, marcar un área dónde el fuera de juego no era válido, la FA optó por cambiar la norma. Así, la nueva regla rezaba que “un jugador se hallará en fuera de juego si se encuentra más cerca de la línea opuesta que el balón y el penúltimo adversario“.
Fue el principio del fin del truco de Bill. El fútbol recuperó parte de los goles y del espectáculo y como consecuencia de la nueva norma, aparecieron nuevas disposiciones tácticas sobre el terreno de juego. La más famosa, sin duda, fue la WM que utilizaría Herbert Chapman, entrenador del Arsenal. En cuanto a la regla del fuera de juego, aquella que McCracken había pervertido hasta la saciedad, se mantendría invariable hasta 1990, después del Mundial de Italia.

miércoles, 2 de marzo de 2016

El ángel del norte

Todo aquel que llega a Tyne y Wear suele hacerse dos preguntas: si Newcastle tiene castillo y si el Ángel del Norte representa a Alan Shearer. Sí y no.
En el noroeste de Inglaterra, el río Tyne separa a Newcastle de Gateshead, el principal reclamo turístico de la región de Tyne y Wear. Newcastle toma su nombre, precisamente, del Castillo Nuevo construído por los Normandos allá por 1080, cuando el rey William I mandó a su hijo al norte para defender al país de los escoceses. De aquel New Castle, que sufrió varias transformaciones a lo largo de los años, queda en pie Castle Keep. Al igual que otros enclaves de la zona, Castle Keep está vigilado por la atenta mirada del Angel of the North (el Ángel del Norte), una escultura moderna diseñada por Antony Gormley finalizada en 1998.
Una vez resuelta la duda del castillo de Newcastle, el Ángel del Norte se lleva todas las fotografías. Imperial y gigantesco, después de haber sido objeto de numerosas críticas, ha terminado por erigirse como uno de los emblemas del noroeste de Inglaterra. Pero sucede que, al margen de fortalezas normandas, el Ángel del Norte comparte importancia con una de las leyendas de la ciudad, Alan Shearer, por lo que no es extraño que el turista intente relacionar la monumental escultura de acero con el monumental goleador que vino al mundo un 13 de agosto de 1970. Sobre todo si alguien intenta que así sea.

Alan Shearer dio sus primeros pasos en el Southampton, donde debutó un 26 de marzo de 1988 con diecisiete años después de que, curiosamente, hiciese las pruebas en el Newcastle y lo rechazasen. Lo hizo de la mano de otro monstruo del fútbol inglés, Matt Le Tissier, y aunque el muchacho de 17 años completaría una sorpresiva temporada -incluído un hat trick al Arsenal- la zona del área seguía siendo territorio de Le God.
 
Alan Shearer durante su etapa en el Southampton.

Aquel joven de pelo rizado y rubio puso rumbo al Blackburn Rovers en 1992, dispuesto a madurar en una Premier League que crecía al calor de la tragedia de Hillsborough y el Informe Taylor y de la enésima resurrección del Partido Conservador, que veía caer a Margaret Thatcher como primera ministra y líder de la formación en detrimento de John Major.

Shearer anotó 16 goles en 22 partidos y en un abrir y cerrar de ojos Lancanshire se rindió a sus pies. El acierto de Kenny Dalglish, entonces entrenador de los Rovers, parecía haber sido mayúsculo. Pero el cielo se hizo esperar.

En la temporada 1993/94, con un equipo en el que figuraban Jason Wilcox, Tim Sherwood, David Batty, Stuart Ripley o el propio Shearer, los Rovers acariciaron el título de liga. A pesar de que Shearer anotó 31 goles en 40 partidos, una mala racha en la recta final, con tan solo una victoria en los últimos cinco partidos, dio el título al Manchester United de Alex Ferguson. Mucho esfuerzo para nada. 31 veces que la mano derecha de Alan Shearer se había levantado para celebrar un tanto y la gesta se había quedado tan cerca. Ocho puntos. Ocho puntos alejaron a los de la camiseta arlequinada de un título liguero que no se saboreaba desde 1914.

Fue en 1995 cuando los chicos de Dalglish paralizaron Blackburn. La temporada arrancaba con una derrota en Wembley en la Charity Shield frente a los red devils. Jack Walker, magnate del metal, se había dejado mucha pasta en crear un Rovers campeón y una de sus últimas aportaciones a la causa iba a ser el fichaje de Chris Sutton, un joven nacido en Nottingham y que el Blackburn compró al Norwich por 5 millones de libras. La delantera que conformaron Shearer y Sutton, que el mundo conoció como SAS, obró el milagro.
 
Alan Shearer celebra uno de tantos goles abrazado a Chris Sutton. Juntos formaron la temible dupla conocida en Inglaterra como SAS.
 
El Blackburn se aupó al primer puesto de la tabla ya por la jornada 15. Pero el Manchester United era el Manchester United y aguantó el tirón, por lo que la conquista del título se alargó hasta la jornada 38.
La Premier League de la temporada 1994/95 se decidió en dos grandes escenarios. En Upton Park, donde el Manchester United visitaba al West Ham y en Anfield, donde los Rovers debían enfrentarse al Liverpool.

Cuando Jamie Redknapp ponía el segundo para el Liverpool, los corazones de los 10.000 habitantes de Blackburn estaban cerca de salir disparados por la boca. Dependían de sí mismos y esta vez no se podía escapar. Los Hammers se habían adelantado en Upton Park pero McClair había empatado para los Red Devils. No podía ser. El Manchester United no podía ganar. Y no ganó. 81 años después el Blackburn Rovers, con Alan Shearer a la cabeza, era campeón de liga.

El reto de mantener la condición de campeones y pasar por la Champions con orgullo no fue nada fácil a la temporada siguiente. Los Rovers terminaron séptimos en liga y quedaron eliminados en la fase de grupos de la competición europea. Pero Shearer seguía siendo Shearer: 37 goles firmó aquella temporada.

Para entonces, se había convertido en un símbolo. Un símbolo para los Rovers y un simbolo para Inglaterra -fue el máximo goleador en la Eurocopa de 1996- al que se rifaban los grandes equipos del planeta fútbol. Pero Shearer no quiso ir al Manchester United, ni tampoco al Arsenal. Por supuesto, no quiso salir de Inglaterra. Alan Shearer se fue al Newcastle.
 
Alan Shearer en el Newcastle, equipo donde anotó 490 goles, convirtiéndose en el máximo goleador de la historia del club.

Kevin Keegan fue uno de los culpables de que el Newcastle desembolsara más de 14 millones de libras por Shearer. Llegó a un equipo que tenía en nómina a Asprilla, David Batty o David Ginola. Ese equipo se encargó de vapulear al Manchester United por 5-0 un 20 de octubre de 1996 y ese equipo estuvo cerca del subcampeonato. En ese equipo Alan Shearer, con 25 goles, se convirtió en el máximo goleador de la competición por tercer año consecutivo.

En 1997 sufría una lesión de ligamentos que lo dejó fuera casi toda la temporada. A eso se le sumó su agresión a Neil Lennon -el jugador del Leicester al que propinó una patada en la cabeza- y el desasosiego propio de estar viviendo la cara menos agradable del fútbol.
Continuó anotando goles, claro, pero las urracas no terminaban de despegar. Por el banquillo pasaron Gullit o Bobby Robson que celebraron desde su posición privilegiada en el campo los goles de un matador del área como Shearer. Pero todos aquellos balones al fondo de la red no servían al final para nada en el colectivo. Marcó veintiuno (1998/99), después treinta (1999/2000). La lesión en la rodilla dejó su cuenta en siete en la 2000/01 pero regresó con fuerza: veinticinco en la temporada siguiente, veintiocho en la 2003/04, diecinueve en la 2004/05 y catorce para despedirse definitivamente en la 2005/06.

Los Magpies, que habían vivido a la sombra de los goles de Jackie Milburn, bautizaron a Shearer como el Ángel del Norte. Fueron 490 goles en total, de los cuales 260 los anotó en la Premier League, convirtiéndose en el máximo goleador de su historia. 490 veces que alzó su brazo derecho para celebrar que el balón tocaba la red.

En 1999, antes de la final de la FA Cup frente al Manchester United, los hinchas del Newcastle vistieron a la famosa escultura del Ángel del Norte con una gigantesca camiseta con el 9 de Shearer. Majestuoso, vestido de negro y blanco, el Ángel observó el río Tyne y la fortaleza del antiguo castillo levantado por los Normandos. Mientras, las Urracas caían por dos goles a cero en Wembley.