domingo, 6 de noviembre de 2016

Hemos ahorcado a un mono


Hartlepool se fundó en el siglo VII alrededor del monasterio de Northumbia, y aunque su topónimo hace referencia a los ciervos y al mar, el apodo que reciben sus habitantes y su equipo de fútbol, poco tiene que ver con ello.
Una ciudad que eligió como alcalde a Stuart Drummond, cuyo eslogan de campaña era "Free bananas for schoolchildren" (plátanos gratis para los escolares) y que además era la célebre mascota del club, no es muy normal. Y unos habitantes a los que se conoce como Monkey Hangers, tampoco. Los Toros Salvajes, los Pumas del Norte, vale. Pero, ¿los "ahorcadores de monos"?

Buscando en el folclore popular uno se topa con una de esas leyendas rocambolescas que da origen a tan curioso apelativo. Mito y realidad se confunden en una historia de la que pueden encontrarse diferentes versiones y que tiene como núcleo central una canción que ha ido evolucionando con el paso de los años.

Hubo un tiempo en el que el miedo a una invasión francesa era muy real. Las teorías conspirativas estaban a la orden del día y no existía quien no creyese que fuesen a convertirse en un hecho. Durante las Guerras Napoleónicas, un barco francés a la deriva, visiblemente dañado por una brutal tormenta, fue a parar al puerto de Hartlepool. Los pescadores de la zona se acercaron a curiosear a la embarcación y se toparon con el único superviviente: un mono vestido con un uniforme militar. Lo más lógico era pensar que se trataba de un espía francés, claro.
El desafortunado primate fue declarado culpable en un juicio exprés y sentenciado a pena de muerte. Los habitantes de Hartlepool lo ahorcaron. 

La leyenda de Hartlepool se une a la de la localidad escocesa de Boddam, cerca de Peterhead, y tiene su base en la canción titulada de The Boddamers hung the Monkey-O, cuya letra cuenta la historia del ahorcamiento por parte de los habitantes de la ciudad del único superviviente de un naufragio, un mono.

Fiona-Jane Brown, socióloga y estudiante del folclore popular del Instituto Elphinstone de la Universidad de Aberdeen dedicó uno de sus estudios a las variantes de la leyenda del mono víctima de increíbles confusiones, situando el origen del mito de los Monkey Hangers en Escocia. 

Estatua de un mono en Hartlepool destinada a la recolección de monedas para obras de caridad



El primer rastro del mito de Boddam nos traslada a 1722 y al naufragio de un barco llamado Annie, el cual es evocado en una de las versiones existentes de The Boddamers hung the Monkey-O. En 1825 aparece una balada escocesa titulada The Monkey Barber, publicada en Edimburgo y Glasgow, que narra la historia de la mascota de un barbero, un mono, a quien un granjero irlandés confunde con el peluquero y le ordena que le afeite. 

El núcleo de la historia siguió viajando hacia el sur y dos años después, en 1827, aparecía una historia similar titulada The Shandhill Monkey, en la que un obrero confunde a un mono con un comerciante.
En el Newcastle Song Book de Thomas Armstrong (1827) aparece una historia sobre un babuíno que se tiene como origen de la canción de Hartlepool y el mito del mono espía al que va unida. 
En relación a la historia que aparece en el cancionero, el entrañable protagonista viene a ser una mascota de los cosacos rusos que visitaron la zona durante las Guerras Napoleónicas y quienes disfrazaron al mono con un uniforme militar. Hasta que el animal escapó y acabó en un barco francés. 

Reproducción de la escena que da origen al mito de los Monkey Hangers



H'angus, the Monkey es la popular mascota del Hatlepool United, actualmente en la League Two inglesa. Se convirtió en la máxima expresión de la aceptación por parte del club (y de la ciudad) del apodo de Monkey Hangers en 1999, cuando Stuart Drummond, además de ofrecer plátanos gratis para los escolares, apareció disfrazado del simpático mono como parte de su campaña a la alcaldía como candidato independiente. H'angus o Drummond, que terminaron siendo uno solo, le dieron al Hartlepool una atención mediática que desconocía. Después de aquello, Drummond olvidó quitarse el disfraz para sus labores en el ayuntamiento y acabó siendo una caricatura de sí mismo, ejerciendo como mascota del club casi las 24 horas del día.

El apodo había servido durante mucho tiempo para burlarse de los Hartlepudlians, que tenían que soportar un chascarrillo tópico por parte de los forasteros en forma de pregunta: "Who hang the monkey?" (¿Quién ahorcó al mono?).
De un tiempo a esta parte, el apodo ha dejado de ser ofensivo. Sobre todo para los hinchas del Hartlepool United, que lo llevan con orgullo. Las proclamas gamberras lanzadas por los aficionados del Darlington, su mayor rival, ya no surten efecto. "¿Quién ahorcó al mono?", se escucha cantar en la grada a modo de ataque verbal. Da igual. Fueron ellos, los Monkey Hangers. Al menos, así lo dice la canción:

In former times, mid war an' strife,
the French invasion threatened life,
an' all was armed to the knife,
the fishermen hung the Monkey O!

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